29 oct 2010
by Dani Juan
in Abortos, Amor, Dificultades, Hijos
“De las primeras cosas que he aprendido es que es de bien nacidos, el ser agradecidos. Papá me ha dicho que los agradecimientos, en su mayor parte, están siempre al final de las obras. En este caso, quisiera adelantarme por si olvidara, en algún momento, sincerar mis sentimientos hacia ti:
Gracias por estos nueve meses, por lo mucho que me has cuidado, por no haber tenido en cuenta los mareos, las nauseas y las dificultades que te han supuesto los cambios hormonales. Gracias por no haberte cuestionado mi vida, mi llegada, por haber olvidado las dificultades, el sufrimiento, el dolor, por haber sabido encender una vela cuando todo era oscuro… Gracias por haberte olvidado de ti y pensar sólo en mí, por haber puesto a un lado tu cinturita, por no importarte esos quilitos que venían conmigo… Gracias por las noches sin dormir que te he dado, por tu atención, por tus mimos, porqué a partir de ahora me vas a querer más a mí que a ti misma.
Gracias por todo lo que ahora se te avecina, por esas noches en vela, por tu paciencia, por darme siempre una segunda oportunidad, por estar siempre ahí, por quererme por lo que soy, por no olvidarme nunca…
Gracias mamá.“
Yago Juan López (nacido el 28 de octubre de 2010)
24 oct 2010
by Dani Juan
in Adolescencia, Madurar, Responsabilidad, Sinceridad
Las fiestas de cada pueblo o ciudad son unas fechas, para muchos, muy deseadas. Los jóvenes se reúnen y pasean por las distintas casetas de ferias típicas de toda fiesta. Conforme se acerca la noche, el ambiente, las bebidas y los distintos grupos que allí se concentran se transforman. Desaparecen los papás con sus hijitos y aparecen los dueños de la noche: los adolescentes.
Todos sabemos que, algún día, nuestro hijo nos pedirá, al igual que lo hicimos nosotros, asistir a esas reuniones clandestinas. A los jóvenes les recomiendo explicar con sinceridad en qué va a consistir esa salida nocturna. A los padres, atender a la propuesta y no, simplemente, dar un ensayado “NO” sin haber escuchado a los hijos.
El gurú Stephen Covey nos recordaba, en su best seller Los 7 hábitos de las familias altamente efectivas, que hay que pensar en la perspectiva “Ganar-Ganar”. Eso es lo que nos enumeraba en su cuarto hábito y lo que debemos poner en práctica cuando negociamos con nuestros hijos. En él nos enseñaba, por ejemplo, que en una negociación hay que llegar a acuerdos que beneficien a ambas partes y no pensar siempre en aquellos en los que salga ganando una de ellas.
Piensa en lo bueno que puede aportaros (a padres y a hijos) esa primera salida: responsabilidad, sinceridad, madurez…
Esta semana que empezamos, celebraremos las Fiestas de Sant Narcís, patrono de la ciudad de Girona. Mucha suerte a todos los padres y madres que se verán envueltos en sus primeras negociaciones.
17 oct 2010
by Dani Juan
in Abuelos
Leyendo o escuchando las noticias que aparecen en los medios de comunicación, uno puede pensar que las barbaridades realizadas por algunos padres son cada vez más frecuentes. Personalmente creo que no es así. El ser humano lleva inscrito en su interior el cuidado eterno de su propia descendencia. Por eso, por encima de cualquier error cometido, uno puede contar siempre con la confianza y ayuda de los padres. Pero, ¿qué hay de la reciprocidad de esos actos?
No todos tenemos hijos pero sí todos tenemos (o hemos tenido) padres. En eso, los que tenemos hijos tenemos cierta ventaja: sabemos lo que cuesta poner los medios para que crezcan y sean auténticas personas. Uno se da cuenta del sacrificio que supone cada uno y es en ese momento donde creo que deberíamos echar la vista atrás. Es allí donde están los sacrificios realizados por nuestros padres para que llegáramos a ser lo que somos.
Hay una franja de edad en la que debemos mirar hacia ambas direcciones: hacia nuestros pequeños, que requieren constantemente nuestra atención, y hacia nuestros mayores (padres y abuelos) que, a su manera, también la esperan. La fortaleza de los padres hace que la sufran en silencio y por ello, a menudo olvidamos que necesitan de nuestro cuidado: arreglarles un desperfecto, acompañarles al médico o un simple rato de compañía.
Conocemos y sabemos cuándo un hijo nos necesita pero ¿y nuestros padres?
09 oct 2010
by Dani Juan
in Educación, Internet
Todo fenómeno mediático y tecnológico es susceptible de cautivar a nuestros jóvenes. Las grandes marcas lo saben y se aprovechan de ello (¡cómo no!). Paralelamente están los padres que, con buen criterio, intentan prevenir y educar en el buen uso de los medios.
Últimamente, el uso las redes sociales es lo que causa más de un dolor de cabeza a los adultos que, por desconocimiento, terminan prohibiendo su acceso a los jóvenes.
La verdad es que redes como Facebook o Twitter nacieron entre 2004 y 2006 y, hasta ahora, sólo han hecho que aumentar los números de personas agregadas a ellas.
También es verdad que, padres y jóvenes, están recibiendo formación sobre su uso pero, en muchas ocasiones, esa formación se basa en el miedo y peligro que conlleva el pertenecer a ellas.
Hoy voy a romper una lanza en su favor porqué, los primeros estudios y encuestas realizadas, a pesar de lo que muchos podían pensar, demuestran que su uso no rompe el lazo de amistad “real” que tienen los muchachos con sus amigos. No se da el caso de personas que, por hablar diariamente mediante redes sociales, dejen de hacerlo en la vida misma. Por tanto, sirve para mantener el contacto.
En relación a los peligros que pueda conllevar, no son más que si tuvieran una página web, que si tuvieran su fotoblog, o si tuvieran su álbum de fotografías en la nube de Picasa, Flickr o alguna parecida.
Lo único que hay que hacer es darles pautas de comportamiento, igual que lo hacemos en la vida real, y “sentarse” con ellos para enseñar cómo privatizar y qué material pueden publicar. De lo contrario, terminarán creando sus cuentas en ellas, sin comentárnoslo, y por desconocimiento harán un mal uso de estas magníficas herramientas que tenemos para poder comunicarnos.
02 oct 2010
by Dani Juan
in Autoridad, Educación, El_No, Juventud
Es curioso el papel que juega la edad de las personas en las relaciones con sus iguales. Con el tiempo te das cuenta que es algo parecido a tu carta de presentación. No puedes vivir sin ella y necesitamos conocer la de los demás. Los primeros datos que te dan, al hablarte de otra persona, son su nombre y su edad.
La edad, desgraciadamente, dice mucho de nosotros. Todos recordamos cuando, continuamente, nos la preguntaban para permitirnos, o no, entrar en la discoteca, cuando la necesitabas para tomar una cervecilla, para sacarte el permiso de conducir, etc.
En el ámbito familiar, sin darnos cuenta, usamos el mismo baremo. El problema es que, en el manual para ser un buen padre, no están detalladas esas tablas. ¿Cuándo podrá tener su propio móvil?, ¿A qué edad le permitiré que salga de noche? Efectivamente, esa respuesta no está escrita. Esa es una de las tareas que deben hacer los padres: fabricación de normas internas. El peor error que podemos cometer es coger el manual de otra familia e intentar copiarlo en la nuestra. Cada familia tiene sus peculiaridades y cada hijo es distinto. Y además ten en cuenta, también, que con la edad, esas normas pueden y deben ser negociadas.
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