Javier está totalmente desconcertado porqué no entiende lo que sucede diariamente en su casa. Me explica en una conversación que su madre le grita porqué es muy tarde y todavía no ha cenado, pero él reflexiona y recuerda que esa semana ha cenado con sus padres un día a las nueve y otro día a las once. Su padre le dice que no puede salir con los amigos porqué es pequeño y hace unos días le recriminaba que ya era mayorcito para estar peleándose con su hermana. Total, me decía, ¿soy mayor o soy pequeño? ¿Cenamos a las 9 o cenamos a las 11?
En la sociedad en que vivimos, nuestros hijos, reciben constantemente esta confusión de mensajes. Estamos llenos de incongruencias que lo que consiguen es confundir y hacer perder el prestigio a los gobernantes y al sistema. Aquí unos ejemplos: los bares no pueden servir alcohol a los jóvenes que tengan menos de 18 años. El plan del tabaco fija la edad mínima de consumo en 18. Para poder coger una moto (cicleta) tienes que haber cumplido los 16. Para ir a pedir la píldora del día después, a cualquier edad. Para votar, los 18. Para abortar, los 16. Por un lado se les quiere hacer creer que su familia es lo más importante, por otro les dicen que pueden abortar sin necesidad de pedir consejo a esos “eses seres tan queridos”. ¿Pero esto qué es? ¿Los tratamos como adolescentes o como adultos? y lo que es peor… ¿Cómo se sienten tratados ellos?
P.D: Fotografía de un bebé de 12 semanas. Desde Asesoría Familiar, ¡SÍ A LA VIDA!
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