Todavía no

Es curioso el papel que juega la edad de las personas en las relaciones con sus iguales. Con el tiempo te das cuenta que es algo parecido a tu carta de presentación. No puedes vivir sin ella y necesitamos conocer la de los demás. Los primeros datos que te dan, al hablarte de otra persona, son su nombre y su edad.
La edad, desgraciadamente, dice mucho de nosotros. Todos recordamos cuando, continuamente, nos la preguntaban para permitirnos, o no, entrar en la discoteca, cuando la necesitabas para tomar una cervecilla, para sacarte el permiso de conducir, etc.
En el ámbito familiar, sin darnos cuenta, usamos el mismo baremo. El problema es que, en el manual para ser un buen padre, no están detalladas esas tablas. ¿Cuándo podrá tener su propio móvil?, ¿A qué edad le permitiré que salga de noche? Efectivamente, esa respuesta no está escrita. Esa es una de las tareas que deben hacer los padres: fabricación de normas internas. El peor error que podemos cometer es coger el manual de otra familia e intentar copiarlo en la nuestra. Cada familia tiene sus peculiaridades y cada hijo es distinto. Y además ten en cuenta, también, que con la edad, esas normas pueden y deben ser negociadas.

Por siempre jamás

Y llegó el día. El rey del pop, Michael Jackson, dejó este mundo para irse al Olimpo de los grandes músicos. Desde ahí, junto a Elvis, John Lennon y muchos otros, será recordado por su faceta musical (sin palabras) y por los desafortunados acontecimientos que envolvieron su vida personal.
El eterno Peter Pan es un claro ejemplo de lo que puede llegar a ocurrir cuando a nuestro hijo no se le da los medios necesarios para su correcto desarrollo. Fue un chico sin infancia, un chico que a los 5 años fue explotado igual que a sus antepasados esclavos, un chico sin oportunidad de crecimiento personal. Vivió los abusos de su hermana bajo la dictadura paterna y fue acostumbrado a vivir bajo la sombra del éxito y riqueza eterna.
Cuando sólo pensamos en nosotros mismos suceden cosas así. Pensar en los hijos es darles amor, seguridad y límites.
Descanse en paz.

Por siempre jamás

Y llegó el día. El rey del pop, Michael Jackson, dejó este mundo para irse al Olimpo de los grandes músicos. Desde ahí, junto a Elvis, John Lennon y muchos otros, será recordado por su faceta musical (sin palabras) y por los desafortunados acontecimientos que envolvieron su vida personal.
El eterno Peter Pan es un claro ejemplo de lo que puede llegar a ocurrir cuando a nuestro hijo no se le da los medios necesarios para su correcto desarrollo. Fue un chico sin infancia, un chico que a los 5 años fue explotado igual que a sus antepasados esclavos, un chico sin oportunidad de crecimiento personal. Vivió los abusos de su hermana bajo la dictadura paterna y fue acostumbrado a vivir bajo la sombra del éxito y riqueza eterna.
Cuando sólo pensamos en nosotros mismos suceden cosas así. Pensar en los hijos es darles amor, seguridad y límites.
Descanse en paz.

El Síndrome de Pancho López

En los casi 100 artículos publicados en este blog hemos hablado ya de algún que otro síndromes: el de Peter Pan, el de Marlin… Hoy vamos a hablar sobre el síndrome de Pancho López. (Ya sé, a mí también me parecía gracioso el nombre cuando lo oí por primera vez en boca de la doctora Monsterrat Rutllán en una de sus excelentes conferencias sobre adolescentes.)

Con este nombre se describen a todas aquellas personas que se dedican a ir quemando etapas de su vida, de una forma rápida, sin importarles la edad madurativa o real que tengan, y totalmente fuera de control. Acostumbran a padecerlo adolescentes y, preocupantemente, se empieza a notar en niños y niñas (menores de 12 años). Desgraciadamente, los padres no se dan cuenta muchas veces que el estilo educativo que utilizan en casa lleva a sus hijos directamente a sufrir ese síndrome.

Ya hace años que se descubrió en Estados Unidos la gran cantidad de niñas que pasaban por la peluquería o se maquillaban y pintaban a edades muy tempranas. Niños preocupados, como nunca antes había sucedido, por su aspecto externo y empezaban a elegir sus peinados, su ropa, a salir y en general a fumar los primeros cigarrillos o tomar la primera copa.

Hoy en día podríamos culpar a la sociedad, una vez más, de la supersónica velocidad a la que dirige nuestras vidas pero… ¿quién dirige sinceramente la tuya y la mía? (Espero poder pensar que tenemos algo que decir.)

Por un lado debemos hacer algo para parar nuestro ritmo vital, porqué sino, él parará el nuestro. Por otro, los padres, como es lógico, somos los responsables de educar a nuestros hijos y proporcionarles las herramientas para aprovechar las oportunidades y características de cada etapa. Cada eslabón madurativo conlleva el proceso de desarrollo que necesitarán en el futuro. Si los hijos no los adquieren en el momento adecuado, por quemar esos instantes juveniles, deberán hacerlos de adulto. Y creedme, no es fácil adquirir esos hábitos a ciertas edades.

© Photo: http://www.flickr.com/photos/st-stev/

El Síndrome de Pancho López

En los casi 100 artículos publicados en este blog hemos hablado ya de algún que otro síndromes: el de Peter Pan, el de Marlin… Hoy vamos a hablar sobre el síndrome de Pancho López. (Ya sé, a mí también me parecía gracioso el nombre cuando lo oí por primera vez en boca de la doctora Monsterrat Rutllán en una de sus excelentes conferencias sobre adolescentes.)

Con este nombre se describen a todas aquellas personas que se dedican a ir quemando etapas de su vida, de una forma rápida, sin importarles la edad madurativa o real que tengan, y totalmente fuera de control. Acostumbran a padecerlo adolescentes y, preocupantemente, se empieza a notar en niños y niñas (menores de 12 años). Desgraciadamente, los padres no se dan cuenta muchas veces que el estilo educativo que utilizan en casa lleva a sus hijos directamente a sufrir ese síndrome.

Ya hace años que se descubrió en Estados Unidos la gran cantidad de niñas que pasaban por la peluquería o se maquillaban y pintaban a edades muy tempranas. Niños preocupados, como nunca antes había sucedido, por su aspecto externo y empezaban a elegir sus peinados, su ropa, a salir y en general a fumar los primeros cigarrillos o tomar la primera copa.

Hoy en día podríamos culpar a la sociedad, una vez más, de la supersónica velocidad a la que dirige nuestras vidas pero… ¿quién dirige sinceramente la tuya y la mía? (Espero poder pensar que tenemos algo que decir.)

Por un lado debemos hacer algo para parar nuestro ritmo vital, porqué sino, él parará el nuestro. Por otro, los padres, como es lógico, somos los responsables de educar a nuestros hijos y proporcionarles las herramientas para aprovechar las oportunidades y características de cada etapa. Cada eslabón madurativo conlleva el proceso de desarrollo que necesitarán en el futuro. Si los hijos no los adquieren en el momento adecuado, por quemar esos instantes juveniles, deberán hacerlos de adulto. Y creedme, no es fácil adquirir esos hábitos a ciertas edades.

© Photo: http://www.flickr.com/photos/st-stev/

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