Hortalizas gratuitas

Odisea 2001. Siempre me ha llamado la atención el salto en el tiempo que había desde la escena de Stanley Kubrick en la que el hueso sale volando y se enlaza con la era especial: el mayor salto cinematográfico de la historia. Y es que, con el tiempo, todo cambia o se adapta.
Hace unos días comentábamos, con unos colegas, el cambio que ha sufrido la sociedad juvenil en referencia a la adquisición y asimilación de conocimientos: el papel de la memoria. Hace un tiempo (no prehistórico) los alumnos aprendían ejercitando la memoria. Eso requería atención, repetición, esfuerzo, tranquilidad, silencio, constancia, etc. ¿Es eso posible hoy?
Los que nos sumergimos diariamente en su mundo nos damos cuenta que, hoy en día, necesitan que se les repitan las cosas ochenta veces. En su vocabulario abundan expresiones cómo: ¿qué?, ¿cómo dices?, ¿puedes repetir?, ¿qué página?, ¿qué ejercicio?, ¿qué has dicho, mamá? Una de las causas principales es la falta de atención que prestan a lo que se les dice. Todos aquellos hábitos que recordábamos que trabajábamos con el uso de la memoria parecen haber desaparecido.
Hoy en día son gobernados por una memoria corta e inmediata. Tienen una gran capacidad para almacenar información pero no la usan. El motivo es evidente: ¿Por qué tener que almacenar información cuando lo tengo todo a mi alcance? Mis padres y profesores me repiten las cosas cuando se lo pido, cuando deseo algo me lo dan, cuando necesito información la encuentro en internet en unos segundos,… ¿Para qué almacenar y esforzarme en ello cuando lo tengo todo a mi alrededor?
Yo no iría al mercado cada día si tuviera un huerto de hortalizas gratuitas delante de casa.

¡No lo hagas por la ventana!

Somos tan orgullosos que despreciamos el poder de un vicio. Con los años, esos malos hábitos y defectos se convierten en auténticos vicios. Auténticas masas de lodo incrustadas en lo más profundo de nuestras vidas. Se han ido convirtiendo en nuestros amo y señores y, sin darnos cuenta, controlan nuestras vidas.

La puerta por la que entraros fue pequeña y sin duda, lo hicieron sin hacer el más mínimo ruido. Les dejamos pasar porqué creíamos que les echaríamos a la mínima de cambio pero, en realidad, se acomodaron de tal forma que ahora son ellos los que pueden echarnos a nosotros.

Lo peor de todo es pensar que en ese momento le hubieras podido pegar una patada y dejarlo sin más y en cambio ahora…
Mark Twain lo tenía claro: Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño.
¡Algún día volveré a abrir la puerta para bajarlo desde el quinto!

Facilísimo

Al principio parecía que la crisis podía ayudarnos a despertar del estado de letargo en el que vivíamos inmersos desde hace algunos años. Larga etapa donde la comodidad, la pereza, el conseguir las cosas con el mínimo esfuerzo estaba a la orden del día. Este era y es el momento de ponerse las pilas. No podemos continuar con esa dinámica. Debemos volvernos urgentemente activos. Pero, al contrario de lo que se podía suponer, los eslóganes publicitarios nos animan a continuar descendiendo por esa pendiente hacia la más absoluta inutilidad personal. Esta mañana he visto el último anuncio de la casa de automóviles Honda. Decía algo así: Lo quieres. Cógelo ¿Qué pasa, ya no es necesario que lo pagues? o el clásico: ¡Aprende inglés sin esfuerzo! ¿Dónde se ha visto eso? Sin estudio o sin esfuerzo no hay nada en esta vida.

Los que nacimos en la década de los 60 – 70 recordamos refranes como “el que la sigue, la consigue” o anuncios publicitarios como “con Feber, querer es poder”. Dos ejemplos clarísimos que nos ofrecían éxito después del esfuerzo. Ese es el camino.

El paparazzi

¿En qué familia no hay aquel que se cuelga la cámara fotográfica al cuello y almacena las imágenes de toda una vida? Reuniones familiares, bautizos, viajes, excursiones… No hay suceso que pase desapercibido para el paparazzi familiar. Es una bonita actividad que refleja, en muchos casos, el resumen de unas vivencias. Pero… ¿es en realidad el reflejo de una vida? Debería serlo pero, a menudo, deseamos tanto la fotografía que forzamos la propia realidad y, entonces, ese álbum familiar se convierte en una simple colección de imágenes sin sentido.
Si el niño no quiere ponerse junto a la jaula de gorilas o colgarse una serpiente del cuello, ¡no le fuerces! ¿Vale la pena esa fotografía? ¿Qué buscamos con ella?
¡Créeme, no vale la pena! ¿Te gustaría que lo intentara? Empieza tú antes colgándote esa serpiente del cuello. La confianza que necesita ante un reto debe entrarle por ósmosis.

© Photo: http://www.flickr.com/photos/bernatcg

El paparazzi

¿En qué familia no hay aquel que se cuelga la cámara fotográfica al cuello y almacena las imágenes de toda una vida? Reuniones familiares, bautizos, viajes, excursiones… No hay suceso que pase desapercibido para el paparazzi familiar. Es una bonita actividad que refleja, en muchos casos, el resumen de unas vivencias. Pero… ¿es en realidad el reflejo de una vida? Debería serlo pero, a menudo, deseamos tanto la fotografía que forzamos la propia realidad y, entonces, ese álbum familiar se convierte en una simple colección de imágenes sin sentido.
Si el niño no quiere ponerse junto a la jaula de gorilas o colgarse una serpiente del cuello, ¡no le fuerces! ¿Vale la pena esa fotografía? ¿Qué buscamos con ella?
¡Créeme, no vale la pena! ¿Te gustaría que lo intentara? Empieza tú antes colgándote esa serpiente del cuello. La confianza que necesita ante un reto debe entrarle por ósmosis.

© Photo: http://www.flickr.com/photos/bernatcg

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