Papá, mamá, este verano quiero ir a Kenia para ayudar a niños necesitados.
“Estoy absolutamente convencido que ninguna riqueza del mundo puede ayudar a que progrese la humanidad. El mundo necesita paz permanente y buena voluntad perdurable.”
Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán nacionalizado estadounidense.
La montaña rusa emocional, física, racional, que sufre el adolescente, ya la conocemos. Cómo ellos mismos dicen: hoy estoy de subidón y mañana tengo un down que no me aguanto. Contrasta, en ellos, el sentirse una día superman y otro un auténtico inútil.
Esa sensación de comerse el mundo, abarca todas sus dimensiones: la física (quiero ser guapísima), la racional (siempre tengo la razón, lo sé todo)… y por supuesto la trascendente, emocional y social. Con estas últimas se les despierta “el misionero” que llevan dentro. Tienen la inquietud de ayudar al prójimo, de pensar en los demás, de hacer algo para mejorar el mundo. Pero todo ello, bajo su capa de superhéroe, muchos necesitan llevarlo al extremo. No les basta con colaborar con una ONG que trabaja en el mismo barrio, no les basta con ayudar en el asilo de ancianos más próximo ni de colaborar con asociaciones solidarias cercanas. Ellos necesitan irse al infinito porqué parece que ahí es donde más se les necesita. Papá, mamá… ¡me voy al Congo!
Tened en cuenta que eso es una característica más de la adolescencia. Es importante, como en otras cosas, no cortarles las alas que les ayudarán a volar alto. Pero, a la vez, debemos hacerles ver que hay muchos lugares, rincones, al lado de casa, donde también necesitan de su apoyo: el tercer mundo está, también, al lado de casa (y mucho más ahora con la crisis).
P.D.: http://www.projectefrake.org
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