Periodo de adaptación

Hace una semana que ha empezado la escuela para todos los alumnos. Viejos amigos, algunas caras nuevas, los profesores de siempre… las sensaciones de cada año.

Últimamente se ha puesto de moda el periodo de adaptación. Esos espacios cortos de tiempo que los pequeños pasan en la escuela para “habituarse” al nuevo entorno.

Ese periodo de adaptación va acompañado, también, de esas despedidas interminables que los padres dedican por la mañana en la clase de sus hijos.

La teoría de la adaptación es muy buena como teoría. ¿A quien no le gustaría que le dijeran que empezara a trabajar, también, adaptándose? En la práctica, creo que va encaminada a favorecer ese inmenso “colchón” de sobreprotección que ofrecemos actualmente a los menores.

¿Por qué no dejamos hacer a los profesionales de la educación su trabajo? ¿Saben ustedes lo difícil que es para ellos, manejar a sus hijos apenados por la vuelta al cole con sus padres mirando tras el cristal?, ¿Sabe la dirección de las escuelas, lo dificultoso para los padres, que es sólo llevarlo unas horas y después dejarlo en otra parte?

Claro que la teoría es buena. ¡También lo sería si la aplicásemos durante un mes entero! Pero creo que lo mejor es hacer la adaptación, si se desea, en casa durante unos días antes de empezar.

© Photo: : http://www.flickr.com/photos/10472370@N00/640346042/

Publicado en on Septiembre 20, 2008 at 7:51 pm Dejar un comentario

Periodo de adaptación

Hace una semana que ha empezado la escuela para todos los alumnos. Viejos amigos, algunas caras nuevas, los profesores de siempre… las sensaciones de cada año.

Últimamente se ha puesto de moda el periodo de adaptación. Esos espacios cortos de tiempo que los pequeños pasan en la escuela para “habituarse” al nuevo entorno.

Ese periodo de adaptación va acompañado, también, de esas despedidas interminables que los padres dedican por la mañana en la clase de sus hijos.

La teoría de la adaptación es muy buena como teoría. ¿A quien no le gustaría que le dijeran que empezara a trabajar, también, adaptándose? En la práctica, creo que va encaminada a favorecer ese inmenso “colchón” de sobreprotección que ofrecemos actualmente a los menores.

¿Por qué no dejamos hacer a los profesionales de la educación su trabajo? ¿Saben ustedes lo difícil que es para ellos, manejar a sus hijos apenados por la vuelta al cole con sus padres mirando tras el cristal?, ¿Sabe la dirección de las escuelas, lo dificultoso para los padres, que es sólo llevarlo unas horas y después dejarlo en otra parte?

Claro que la teoría es buena. ¡También lo sería si la aplicásemos durante un mes entero! Pero creo que lo mejor es hacer la adaptación, si se desea, en casa durante unos días antes de empezar.

© Photo: : http://www.flickr.com/photos/10472370@N00/640346042/

El regalo del presente

Siempre que hablamos o pensamos en los hijos, nos vienen a la cabeza el tipo de personas en las que nos gustaría que se convirtieran.

En ese deseo encontramos la felicidad que nos gustaría que jamás les faltase, un buen trabajo, una buena educación, que aporten a la sociedad su granito de arena, que formen su propia familia… o no, etc.

Para todo ello ponemos los medios día a día pero… ¿Cuándo llegará ese futuro? ¿Para cuándo educamos? ¿Para los 20, los 30 o los 40 años?

Pensar en el futuro es bueno, pero quererlo tener todo previsto es un peligro. No te olvides del presente.

¿Te das cuenta que hace sólo unos días tenías a un bebé entre los brazos y hoy ya es todo un hombrecito? ¿No se te escapará el tiempo, cómo agua entre las manos, pensando en el mañana y olvidando su rápida infancia?

Edúcalo y disfrútalo para “el ahora”.

“ No debes preocuparte del pasado porqué ya es historia, ni del futuro porqué es un misterio. Preocúpate del presente porqué es un regalo… por eso se llama presente” (Oogway, de Kung Fu Panda)

El regalo del presente

Siempre que hablamos o pensamos en los hijos, nos vienen a la cabeza el tipo de personas en las que nos gustaría que se convirtieran.

En ese deseo encontramos la felicidad que nos gustaría que jamás les faltase, un buen trabajo, una buena educación, que aporten a la sociedad su granito de arena, que formen su propia familia… o no, etc.

Para todo ello ponemos los medios día a día pero… ¿Cuándo llegará ese futuro? ¿Para cuándo educamos? ¿Para los 20, los 30 o los 40 años?

Pensar en el futuro es bueno, pero quererlo tener todo previsto es un peligro. No te olvides del presente.

¿Te das cuenta que hace sólo unos días tenías a un bebé entre los brazos y hoy ya es todo un hombrecito? ¿No se te escapará el tiempo, cómo agua entre las manos, pensando en el mañana y olvidando su rápida infancia?

Edúcalo y disfrútalo para “el ahora”.

“ No debes preocuparte del pasado porqué ya es historia, ni del futuro porqué es un misterio. Preocúpate del presente porqué es un regalo… por eso se llama presente” (Oogway, de Kung Fu Panda)

El regalo del presente

Siempre que hablamos o pensamos en los hijos, nos vienen a la cabeza el tipo de personas en las que nos gustaría que se convirtieran.

En ese deseo encontramos la felicidad que nos gustaría que jamás les faltase, un buen trabajo, una buena educación, que aporten a la sociedad su granito de arena, que formen su propia familia… o no, etc.

Para todo ello ponemos los medios día a día pero… ¿Cuándo llegará ese futuro? ¿Para cuándo educamos? ¿Para los 20, los 30 o los 40 años?

Pensar en el futuro es bueno, pero quererlo tener todo previsto es un peligro. No te olvides del presente.

¿Te das cuenta que hace sólo unos días tenías a un bebé entre los brazos y hoy ya es todo un hombrecito? ¿No se te escapará el tiempo, cómo agua entre las manos, pensando en el mañana y olvidando su rápida infancia?

Edúcalo y disfrútalo para “el ahora”.

“ No debes preocuparte del pasado porqué ya es historia, ni del futuro porqué es un misterio. Preocúpate del presente porqué es un regalo… por eso se llama presente” (Oogway, de Kung Fu Panda)