Feliz Navidad



En estas fechas nos inundan los múltiples mensajes, felicitaciones, artículos o posts recordándonos que ya es Navidad. Asesoría Familiar no va a ser menos porqué, todo lo que nos recuerde el auténtico significado de estas fechas, las reuniones familiares, el recordar y ayudar a los más necesitados, será bueno para nosotros.

En cierta forma, la Navidad nos recuerda, también, que la familia es el auténtico núcleo de la sociedad.

Todo empezó con la familia de Belén: la Sagrada Familia. Desde entonces, año tras año, las distintas generaciones se han ido reuniendo para recordarnos quienes somos, de donde venimos y dónde están nuestras raíces. Reuniones para dejar de lado nuestros rencores y reconciliar a familiares discutidos. Aquel recuerdo para los que ya no están, debe darnos fuerza para estrechar lazos entre los que todavía tenemos mucho que ofrecer.

Hagamos de la cada Navidad un punto de inflexión y que con el Año Nuevo se inicien un sinfín de propósitos en beneficio de los demás, empezando por aquellos a quien más queremos: nuestra familia.

Nos volveremos a encontrar a partir de la segunda quincena de enero: ¡Feliz Navidad y próspero 2010!

¿Para qué?

¡Feliz Año 2009 a todos!

Hemos pasado otra Navidad, hemos vuelto a saltarnos aquello de controlar el número de regalos que reciben los hijos, el régimen, el no agobiarnos en las tiendas… pero lo más gracioso de todo es que, incluso así, hemos vuelto a proponernos buenas intenciones para este año 2009. Nuevos propósitos después de NO haber cumplido las últimas promesas. Y me pregunto… ¿no es así la vida? Me refiero a comenzar y recomenzar de nuevo. Los perdedores son los que, después de verse derrotados, no vuelven a intentarlo.

En nuestras vidas todo se basa en propósitos, en la persecución de objetivos. Claro que sí: este año empezaremos el régimen, dejaremos de fumar, haremos deporte y llegaremos antes a casa para estar con nuestra familia… Otro aspecto será los MEDIOS que emplearemos para conseguir que esos propósitos lleguen a buen puerto; pero eso ya es tema para otra semana.

© Photo: http://www.flickr.com/photos/26724523@N00

¿Para qué?

¡Feliz Año 2009 a todos!

Hemos pasado otra Navidad, hemos vuelto a saltarnos aquello de controlar el número de regalos que reciben los hijos, el régimen, el no agobiarnos en las tiendas… pero lo más gracioso de todo es que, incluso así, hemos vuelto a proponernos buenas intenciones para este año 2009. Nuevos propósitos después de NO haber cumplido las últimas promesas. Y me pregunto… ¿no es así la vida? Me refiero a comenzar y recomenzar de nuevo. Los perdedores son los que, después de verse derrotados, no vuelven a intentarlo.

En nuestras vidas todo se basa en propósitos, en la persecución de objetivos. Claro que sí: este año empezaremos el régimen, dejaremos de fumar, haremos deporte y llegaremos antes a casa para estar con nuestra familia… Otro aspecto será los MEDIOS que emplearemos para conseguir que esos propósitos lleguen a buen puerto; pero eso ya es tema para otra semana.

© Photo: http://www.flickr.com/photos/26724523@N00

Dulce amarga Navidad

No hay fiesta, para los europeos, que una más a las familias que la Navidad. Lo resume muy bien el clásico anuncio de turrón: ¡Vuelve a casa por Navidad!
Como todo en la vida, hay muchas formas de enfocar las cosas. Esa alegría de reencontrarse en el hogar de cada uno, con los miembros más queridos, se entrelaza con la tristeza de pensar en aquellos que ya no están. Esos últimos sentimientos, más comunes en los adultos, no deberíamos transmitirlos a los más jóvenes. Son sus fiestas, sus ilusiones, la alegría de la inocencia. El adulto debe desbordar alegría para así educar esos sentimientos en los pequeños… ¿Como lo adquirimos nosotros?

¡Dulce Navidad para todos!

Dulce amarga Navidad

No hay fiesta, para los europeos, que una más a las familias que la Navidad. Lo resume muy bien el clásico anuncio de turrón: ¡Vuelve a casa por Navidad!
Como todo en la vida, hay muchas formas de enfocar las cosas. Esa alegría de reencontrarse en el hogar de cada uno, con los miembros más queridos, se entrelaza con la tristeza de pensar en aquellos que ya no están. Esos últimos sentimientos, más comunes en los adultos, no deberíamos transmitirlos a los más jóvenes. Son sus fiestas, sus ilusiones, la alegría de la inocencia. El adulto debe desbordar alegría para así educar esos sentimientos en los pequeños… ¿Como lo adquirimos nosotros?

¡Dulce Navidad para todos!

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