¿Y tú qué quieres ser?

Patético y ridículo. Hace unos días, mi hijo de 10 años fue al peluquero al que acostumbra a ir siempre: el que está más cerca de casa. La peluquera, una mujer de unos cincuenta, en un querer hacerse la progre y enrollada, le preguntó: ¿Y tú, qué querrás ser: niño o niña? ¡Tal cual! Mi mujer se quedó helada y cortó a esa hippy al instante.

Me enteré, al día siguiente, del estilo de conversación que mantuvo esa señora con mi hijo porqué, el pobre, no entendía a qué venía esa pregunta.

No voy a dedicar ni un minuto a opinar sobre lo patético de la pregunta. Lo que me parece realmente irrespetuoso, intolerable y denunciable es la desfachatez con la que, una cualquiera, pregunta a un menor sobre su identidad sexual.

Lo único divertido del tema fue la mirada de asombro de mi hijo, queriendo decir: ¡de qué planeta viene esta señora!

Los hijos están en contacto directo con infinidad de opiniones y tendencias y no siempre estaremos allí para aclarar las tonterías que otros dicen. ¿Sabremos educarles y ayudarles a formar su propia personalidad? Sólo así conseguirán tener criterio propio para detener las estupideces que puedan plantearles.

Por supuesto, antes llevará el pelo hasta el tobillo que volver a pisar la peluquería “Metode A” de Girona.

El feminismo machista

Por favor, que alguien pare esto. Ya basta de este falso feminismo. La sociedad, por suerte, ya se ha dado cuenta que las mujeres tienen que tener los mismos derechos y deberes que los hombres. Y en esos campos, laborales, sociales…, donde no se ha conseguido la igualdad, deberíamos luchar para que así fuera.

Pero como padre y esposo, me asquea la falsa imagen de igualdad sexual que intentan vendernos. La sexualidad de una mujer no tiene nada que ver con la del hombre y, continuamente, intentan hacernos creer que ambos sienten y actúan de la misma forma. Muchos recordaréis el anuncio de Coca Cola light en el que aparecían un conjunto de mujeres con la líbido subida al ver el cuerpazo de un hombre bebiendo ese refresco. Hoy en día, quieren hacernos creer, en la publicidad y en el cine, que las mujeres actúan, continuamente, como tigresas apasionadas.

El feminismo alterado, de algunos, confundió la igualdad con la imitación del rol masculino en todas sus facetas. ¡Y eso es un error!

El feminismo, y todos, tenemos que luchar por la igualdad de derechos y oportunidades pero, por favor, no intentemos copiar un comportamiento que, como sexos distintos, tenemos y vivimos distintamente.

Publicidad como la de AXE vulnera todo tipo de respeto: el del hombre y el de la mujer… ¿a qué esperan para prohibir sus anuncios?

Fortalece sus virtudes

Bullying, acoso, abusos, malos tratos,… cada día aparecen noticias nuevas sobre personas sometidas a agresiones por parte de algún indeseado. Los psiquiatras, psicólogos o asesores, tienen larguísimas listas de diagnósticos como los mencionados.

La sociedad pide a gritos denunciar todos esos casos con la intención de salvar a futuras víctimas y ayudar a las que ya las han sufrido. Pero, ¿Qué se esconde en el interior de esos atacantes? ¿Dónde está el origen de sus actuaciones?

En mi opinión vamos por muy mal camino. Todos nos animan a reclamar nuestros derechos. Nos engañan con falsas felicidades y falsas libertades cuando, en cambio, nunca hemos sido tan esclavos como ahora. Nos creemos capaces de controlar nuestros caprichos, debilidades, vicios, sensualidades… Pero ¿quién nos enseña lo contrario? ¿Quién me aconseja o anima a controlar lo que el cuerpo me pide? El mundo me grita ¡No te reprimas! y cuando lo hago me llaman conservador…

¿Por qué no empezamos por ahí? ¿Por qué no hay campañas que fomenten un estilo de vida virtuoso? No hay nadie que se atreva con tal iniciativa.

¿Quieres formar a una buena sociedad? Fortalece sus virtudes.

El Síndrome de Pancho López

En los casi 100 artículos publicados en este blog hemos hablado ya de algún que otro síndromes: el de Peter Pan, el de Marlin… Hoy vamos a hablar sobre el síndrome de Pancho López. (Ya sé, a mí también me parecía gracioso el nombre cuando lo oí por primera vez en boca de la doctora Monsterrat Rutllán en una de sus excelentes conferencias sobre adolescentes.)

Con este nombre se describen a todas aquellas personas que se dedican a ir quemando etapas de su vida, de una forma rápida, sin importarles la edad madurativa o real que tengan, y totalmente fuera de control. Acostumbran a padecerlo adolescentes y, preocupantemente, se empieza a notar en niños y niñas (menores de 12 años). Desgraciadamente, los padres no se dan cuenta muchas veces que el estilo educativo que utilizan en casa lleva a sus hijos directamente a sufrir ese síndrome.

Ya hace años que se descubrió en Estados Unidos la gran cantidad de niñas que pasaban por la peluquería o se maquillaban y pintaban a edades muy tempranas. Niños preocupados, como nunca antes había sucedido, por su aspecto externo y empezaban a elegir sus peinados, su ropa, a salir y en general a fumar los primeros cigarrillos o tomar la primera copa.

Hoy en día podríamos culpar a la sociedad, una vez más, de la supersónica velocidad a la que dirige nuestras vidas pero… ¿quién dirige sinceramente la tuya y la mía? (Espero poder pensar que tenemos algo que decir.)

Por un lado debemos hacer algo para parar nuestro ritmo vital, porqué sino, él parará el nuestro. Por otro, los padres, como es lógico, somos los responsables de educar a nuestros hijos y proporcionarles las herramientas para aprovechar las oportunidades y características de cada etapa. Cada eslabón madurativo conlleva el proceso de desarrollo que necesitarán en el futuro. Si los hijos no los adquieren en el momento adecuado, por quemar esos instantes juveniles, deberán hacerlos de adulto. Y creedme, no es fácil adquirir esos hábitos a ciertas edades.

© Photo: http://www.flickr.com/photos/st-stev/

El Síndrome de Pancho López

En los casi 100 artículos publicados en este blog hemos hablado ya de algún que otro síndromes: el de Peter Pan, el de Marlin… Hoy vamos a hablar sobre el síndrome de Pancho López. (Ya sé, a mí también me parecía gracioso el nombre cuando lo oí por primera vez en boca de la doctora Monsterrat Rutllán en una de sus excelentes conferencias sobre adolescentes.)

Con este nombre se describen a todas aquellas personas que se dedican a ir quemando etapas de su vida, de una forma rápida, sin importarles la edad madurativa o real que tengan, y totalmente fuera de control. Acostumbran a padecerlo adolescentes y, preocupantemente, se empieza a notar en niños y niñas (menores de 12 años). Desgraciadamente, los padres no se dan cuenta muchas veces que el estilo educativo que utilizan en casa lleva a sus hijos directamente a sufrir ese síndrome.

Ya hace años que se descubrió en Estados Unidos la gran cantidad de niñas que pasaban por la peluquería o se maquillaban y pintaban a edades muy tempranas. Niños preocupados, como nunca antes había sucedido, por su aspecto externo y empezaban a elegir sus peinados, su ropa, a salir y en general a fumar los primeros cigarrillos o tomar la primera copa.

Hoy en día podríamos culpar a la sociedad, una vez más, de la supersónica velocidad a la que dirige nuestras vidas pero… ¿quién dirige sinceramente la tuya y la mía? (Espero poder pensar que tenemos algo que decir.)

Por un lado debemos hacer algo para parar nuestro ritmo vital, porqué sino, él parará el nuestro. Por otro, los padres, como es lógico, somos los responsables de educar a nuestros hijos y proporcionarles las herramientas para aprovechar las oportunidades y características de cada etapa. Cada eslabón madurativo conlleva el proceso de desarrollo que necesitarán en el futuro. Si los hijos no los adquieren en el momento adecuado, por quemar esos instantes juveniles, deberán hacerlos de adulto. Y creedme, no es fácil adquirir esos hábitos a ciertas edades.

© Photo: http://www.flickr.com/photos/st-stev/

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