Miedo a que se rompa

El mayor handicap que existe para un educador es, en mi opinión, el miedo. Esa emoción que suscita el peligro a lo real o imaginario de una situación concreta.
Los padres, por naturaleza, tratan de evitar el dolor y el sufrimiento de los hijos. Eso hace que, en determinados momentos, pongan freno a situaciones incómodas o que requieran un esfuerzo por parte de los pequeños. Las continuas justificaciones que reciben los maestros, por parte de los padres, lo demuestra.
Con el curso ya empezado, los educadores han vuelto a encontrarse con aquellas notas que piden: ausentarse en horas de Educación Física, repetición de exámenes, no salir al patio porqué el niño tiene frío, justificación de resultados de algunas pruebas, etc.
Y es que, con la cantidad de cartitas y comentarios (absurdos) que reciben los educadores, no es extraño que los haya que se contagien de esa poca exigencia educativa. Nos quejamos que los maestros de hoy en día no exigen lo suficiente pero, no olvidemos, que el miedo a que se rompan nuestros hijos se lo hemos inculcado nosotros.

Padres curling

http://www.youtube.com/v/CM5mFH3_Qhs&hl=es_ES&fs=1&rel=0&color1=0x3a3a3a&color2=0×999999
Estamos a pocos días de la inauguración del torneo de deporte más seguido por todo el mundo: el mundial de fútbol. Pero, como siempre, aquello minoritario, aquello que pasa más desapercibido es lo que nos sugiere las mejores ideas en nuestro día a día. Hoy voy a presentaros el curling: deporte olímpico en el que, sin duda, los países del norte son los dueños y señores en esta disciplina. Os he añadido un corto para que veáis en qué consiste el juego.

Esta semana llegó a mis oídos el concepto de “padres curling”: padres que se pasan la vida despejando cualquier adversidad o dificultad que pueda presentarse a los hijos. Todos tenemos un objetivo (diana) al que nos gustaría que nuestro hijo llegara: intelectual, personal, profesional… Con el lanzamiento inicial iniciamos su educación y cepillando el recorrido eliminamos las dificultades que puedan presentarse. Pero… ¿cuándo debemos dejar de cepillar? Y ¿a qué y a cuántas dianas hay que apuntar?

En el coaching familiar hay infinidad de definiciones que describen patologías (perdón por el atrevimiento) que sufrimos los padres; muchas de ellas parecidas, similares o, simplemente, iguales. Cada uno elige la que mejor describe aquello que le sucede o percibe a su alrededor: el síndrome de Marlin, el padre helicóptero, padres curling… ¡Atención a todas!


PD: gracias xo

Facilísimo

Al principio parecía que la crisis podía ayudarnos a despertar del estado de letargo en el que vivíamos inmersos desde hace algunos años. Larga etapa donde la comodidad, la pereza, el conseguir las cosas con el mínimo esfuerzo estaba a la orden del día. Este era y es el momento de ponerse las pilas. No podemos continuar con esa dinámica. Debemos volvernos urgentemente activos. Pero, al contrario de lo que se podía suponer, los eslóganes publicitarios nos animan a continuar descendiendo por esa pendiente hacia la más absoluta inutilidad personal. Esta mañana he visto el último anuncio de la casa de automóviles Honda. Decía algo así: Lo quieres. Cógelo ¿Qué pasa, ya no es necesario que lo pagues? o el clásico: ¡Aprende inglés sin esfuerzo! ¿Dónde se ha visto eso? Sin estudio o sin esfuerzo no hay nada en esta vida.

Los que nacimos en la década de los 60 – 70 recordamos refranes como “el que la sigue, la consigue” o anuncios publicitarios como “con Feber, querer es poder”. Dos ejemplos clarísimos que nos ofrecían éxito después del esfuerzo. Ese es el camino.

El paparazzi

¿En qué familia no hay aquel que se cuelga la cámara fotográfica al cuello y almacena las imágenes de toda una vida? Reuniones familiares, bautizos, viajes, excursiones… No hay suceso que pase desapercibido para el paparazzi familiar. Es una bonita actividad que refleja, en muchos casos, el resumen de unas vivencias. Pero… ¿es en realidad el reflejo de una vida? Debería serlo pero, a menudo, deseamos tanto la fotografía que forzamos la propia realidad y, entonces, ese álbum familiar se convierte en una simple colección de imágenes sin sentido.
Si el niño no quiere ponerse junto a la jaula de gorilas o colgarse una serpiente del cuello, ¡no le fuerces! ¿Vale la pena esa fotografía? ¿Qué buscamos con ella?
¡Créeme, no vale la pena! ¿Te gustaría que lo intentara? Empieza tú antes colgándote esa serpiente del cuello. La confianza que necesita ante un reto debe entrarle por ósmosis.

© Photo: http://www.flickr.com/photos/bernatcg

El paparazzi

¿En qué familia no hay aquel que se cuelga la cámara fotográfica al cuello y almacena las imágenes de toda una vida? Reuniones familiares, bautizos, viajes, excursiones… No hay suceso que pase desapercibido para el paparazzi familiar. Es una bonita actividad que refleja, en muchos casos, el resumen de unas vivencias. Pero… ¿es en realidad el reflejo de una vida? Debería serlo pero, a menudo, deseamos tanto la fotografía que forzamos la propia realidad y, entonces, ese álbum familiar se convierte en una simple colección de imágenes sin sentido.
Si el niño no quiere ponerse junto a la jaula de gorilas o colgarse una serpiente del cuello, ¡no le fuerces! ¿Vale la pena esa fotografía? ¿Qué buscamos con ella?
¡Créeme, no vale la pena! ¿Te gustaría que lo intentara? Empieza tú antes colgándote esa serpiente del cuello. La confianza que necesita ante un reto debe entrarle por ósmosis.

© Photo: http://www.flickr.com/photos/bernatcg

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